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| HISTORIA
DEL MÁRMOL  |
En
la época romana la abundancia de piedra y mármol en las
zonas de Botticino, permitió a todas las clases sociales
de recurrir a inscripciones en piedra, permitiendo el desarrollo
de una notable tradición epigráfica. La extracción y elaboración
del mármol, el elevado nivel tecnológico alcanzado por los
talleres, permitieron una organización del trabajo de tipo
“industrial”.
Las canteras se abrieron en el dorso oriental del promontorio
de la Trinidad, cerca del cual se depositaban los bloques
de mármol extraídos. El mármol luego era cortado y transportado
a los depósitos o a las obras.
Probablemente alrededor de las canteras surgieron urbanizaciones
para los obreros y sus familias.
El botticino fue utilizado por los talleres locales como
“material para uso artístico”, en los edificios públicos
de la ciudad, junto a mármoles de importación.
La más antigua pieza bresciana en botticino es un capitel
del siglo I A.C.
Fue la edad imperial a difundir el utilizo del blanco botticino,
en los proyectos de reestructuración y edificación, confirmando
la pericia de la producción local y la existencia de un
mercado de exportación para el producto en bruto y acabado.
Los bloques y los elaborados han alcanzado todo el mundo.
El mármol ha desarrollado el sentido productivo de la gente
de esta zona, que ha visto en el mineral una ocasión de
trabajo y de crecimiento económico.
A principios del novecientos, en Botticino se extraía el
bloque y en Rezzato se transformaba en mármol.
Las primeras sociedades de extración, orientadas hacia la
organización del trabajo, capacitar a los jóvenes y favorecer
la especialización, fueron las cooperativas.
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